Una canción para chicos, censurada por una dictadura, y la razón por la que en la puerta dice El Mono Liso. Cuando le puse nombre al estudio no busqué muy lejos. Salió de una canción que María Elena Walsh escribió para chicos y que termina siendo, como casi todo lo suyo, bastante menos inocente de lo que parece: El twist del Mono Liso. Un mono torpe, gracioso, que caza un león de mentira y baila. Nada más. Y sin embargo alguien, en algún escritorio, decidió alguna vez que ese mono era peligroso.
Quién fue
María Elena Walsh nació el 1 de febrero de 1930 en la provincia de Buenos Aires y murió en Buenos Aires el 10 de enero de 2011. Publicó su primer poema a los quince años en la revista El Hogar y su primer libro, Otoño imperdonable, a los diecisiete. Ese libro le valió el segundo premio Municipal de Poesía y una beca que la llevó a Estados Unidos, a la casa de Juan Ramón Jiménez. Tenía diecinueve años. Podría haberse quedado ahí, en la poesía de círculo literario. Se fue a París, cantó folklore argentino con Leda Valladares, volvió y se puso a escribir canciones para chicos. Fue una decisión de oficio, no de comodidad: la literatura infantil argentina de entonces era, en buena medida, moraleja rimada. Walsh le metió disparate, humor adulto y métrica trabajada. Manuelita, la Reina Batata, el Brujito de Gulubú, el Mono Liso. Después de ella, escribir para chicos dejó de ser el escalón bajo del oficio.
La canción prohibida
Durante los primeros años de la última dictadura, el gobierno militar censuró tres canciones suyas: El twist del Mono Liso, La cigarra y Gilito de Barrio Norte. Dos de ellas eran canciones infantiles. Alguien cobró un sueldo del Estado por decidir que un mono que baila twist era una amenaza. Walsh no dejó pasar el asunto. El 16 de agosto de 1979, en plena dictadura, publicó en el diario Clarín una nota titulada «Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes». Describía un país convertido en aula, con un celador que vigilaba lo que se cantaba, se leía y se pensaba, y trataba a los adultos como criaturas incapaces. Al censor lo definió, entre otras cosas, como un ladrón del derecho a la imaginación. La tirada del diario se agotó. El texto siguió circulando fotocopiado dentro y fuera del país. A ella le costó quedar excluida del circuito oficial de radio y televisión. Ya había dejado de cantar en público; en 1981 le diagnosticaron el cáncer óseo con el que convivió los últimos treinta años de su vida. Siguió escribiendo hasta el final.
Por qué un estudio de fotografía
Porque mi oficio se parece más de lo que quisiera a ese mono. Hago algo que desde afuera parece un juego —mirar, encuadrar, apretar un botón— y cada tanto alguien se incomoda con lo que aparece en el cuadro. Una imagen tampoco es nunca del todo inocente. Y porque hay algo que Walsh hizo toda su vida y que trato de sostener: trabajar en serio un material que otros miran de reojo. Ella lo hizo con las canciones para chicos. Yo lo intento con un ensayo fotográfico, un cuerpo en escena, una imagen que no le interesa a nadie más que a mí. El mono del logo tiene la cola afuera del círculo. Eso no es un descuido. La canción. El twist del Mono Liso, letra y música de María Elena Walsh. Los derechos de la obra están vigentes y administrados por SADAIC y por la Fundación María Elena Walsh — Sara Facio, razón por la cual no reproduzco aquí la letra. Se puede escuchar en las plataformas de música con licencia y en los canales oficiales de la obra. Para leerla. Tutú Marambá (1960), El reino del revés (1965), Dailan Kifki (1966), Cuentopos de Gulubú (1966). Para adultos: Novios de antaño (1990) y Fantasmas en el parque (2008). La nota de 1979 está en la recopilación Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes (Sudamericana, 1993).
Homenaje sin fines comerciales. Las obras citadas pertenecen a sus autores y titulares de derechos. Fuentes consultadas: Fundación Walsh-Facio, Biblioteca Nacional de Maestros, Fundación Konex y archivo de prensa.