Diane Nemerov nació el 14 de marzo de 1923 en Nueva York, en el seno de una familia judía acomodada. Se casó joven con Allan Arbus y juntos trabajaron durante años en fotografía de moda para publicaciones como Vogue y Harper's Bazaar —un universo glamoroso que, paradójicamente, la asfixiaba.
A finales de los años 50 comenzó a desarrollar su trabajo personal, alejándose radicalmente del ambiente fashion. Estudió con Lisette Model, quien le alentó a seguir su visión más perturbadora. Lo que emergió fue algo completamente nuevo: una fotografía de retrato que buscaba no la belleza convencional, sino la verdad psicológica de sus sujetos.
Arbus fotografiaba lo que el mundo prefería no ver: personas con discapacidades, trabajadores de circos, nudistas, travestidos, gemelos, habitantes de asilos. Pero no los fotografiaba con distancia compasiva ni con mirada clínica. Los fotografiaba como iguales, directamente, con flash frontal, muchas veces con permiso y hasta complicidad de los retratados. El resultado era inevitablemente incómodo: el espectador no podía mirar sin sentir que era él quien estaba siendo observado.
Su técnica era deliberada: usaba una cámara de formato medio Mamiya, que la obligaba a mirar hacia abajo al visor, estableciendo una relación física diferente con sus sujetos. Los fondos neutros o domésticos no distraen: todo el peso visual cae sobre la persona.
Susan Sontag escribió sobre ella con ambivalencia: reconoció su genio pero cuestionó la ética de esa mirada. Esa tensión es parte inseparable de su legado.
Arbus murió el 26 de julio de 1971 en Nueva York. En 1972, fue la primera fotógrafa estadounidense en exhibir en la Bienal de Venecia. Su influencia sobre el retrato contemporáneo es imposible de exagerar.